dimarts, 24 d’abril de 2007

Sant Jordi: fiesta en un día laborable

El día de Sant Jordi había llegado: puestos de rosas de todos los colores y con todo tipo de adornos, paradas de libros de temática muy variada, señeras en varios lugares y sobre todo, mucha gente. Desde las primeras horas del soleado día, las mujeres andaban por la calle llevando la correspondiente rosa, “¡este año no me ha hecho esperar!” comentaba una señora a otra. Las paradas de libros se encontraban rodeadas de curiosos que, después de ojear compulsivamente varios, se decantaban por uno o por ninguno. Y mientras tanto los turistas observaban anonadados. La avenida Gaudí era contemplada por ellos como si se tratara de una prolongación de la famosa estampa de la Sagrada Familia. Las chicas extranjeras, aunque sin entender qué se estaba celebrando, querían ser participes de la fiesta y pedían o se compraban ellas mismas una de las bonitas flores. En el metro, que estaba mucho más lleno que de costumbre, las parejas con sus correspondientes libros y rosas se despedían para irse a trabajar.
El centro es siempre uno de los principales destinos de la gente en este día, no siendo esto de mucho agrado para algunos, “si todos los días fueran así, vendería el taxi” comentaba un taxista mientras intentaba evitar las vías más transitadas. En esta zona no tan solo había libros y rosas sino que también se podían encontrar pendientes, pulseras y todo tipo de complementos florales hechos para la ocasión. Las grandes librerías montaron en medio de las calles -delante de sus adornados escaparates- grandes paradas que creaban mayores aglomeraciones. Además, como cada año, se podían encontrar paradas donde reconocidos escritores firmaban sus libros. Teniendo en cuenta las connotaciones de esta festividad, no podían faltar los políticos. Mientras ellos paseaban por Barcelona abrumados por la multitud, en los puestos de sus partidos, entre otras cosas, se repartían globos. Muchas personas paseaban por todo el centro con los vistosos globos naranjas de CiU, los amarillos de ERC y los rojos del PSC.
Conforme fue terminando el día y con él las jornadas laborales, algunas de las personas que no habían podido disfrutar del ambiente se dirigieron a la zona centro no sin soportar los atascos o aglomeraciones en los transportes públicos. Frases como “pues menos mal que hoy es un día laborable” o “nunca había visto tanta gente junta” eran algo común. Ya bien entrada la tarde las floristerías seguían teniendo cola de pedidos y los empleados seguían sin dar abasto. Algunas de las que anualmente se encargaban de llevar las rosas a los domicilios, se negaron a hacerlo siempre y cuando el pedido no fuera igual o superior a una cantidad concreta de rosas; les faltaba tiempo y fuerzas. Un florista gritaba en su establecimiento que en pocas horas estaría en su “querida camita”. Por el contrario, algunos jóvenes resistían vendiendo rosas con carteles como “ayúdenos a pagar el viaje de fin de curso”.
Cuando empezó a oscurecer, el tiempo acompañó y las familias pudieron divertirse paseando por las calles. Aunque los puestos empezaron a cerrarse bastante tarde, tal y como ocurre cada año, los más rezagados continuaron acercándose hasta el último momento. Finalmente, las mujeres, con o sin rosa y los hombres, con o sin libro, pudieron disfrutar de una magnífica noche de primavera.