dijous, 29 de maig de 2008

Hacia un turismo responsable





Este verano me gustaría ir de vacaciones a una de esas playas paradisíacas”, así soñaba David Gimenez, estudiante de económicas, su próximo verano. Pero es tan sólo un sueño; el dinero requerido para este tipo de viajes –playas con arena blanca- lo deja claro: es una suma muy grande para un estudiante.

¿Acaso no existe otro tipo de vacaciones que te haga gozar del mismo modo?

 

 

Turismo de masas

En efecto, el turismo de masas o el turismo de sol y playa es un turismo que se limita a ofrecer vacaciones en grandes complejos turísticos. Este tipo de turismo permite disfrutar de una forma pasiva del sol, de la arena y del sexo. Son las famosas “S”: sea, sand, sun, and sex. Éste es el paquete turístico por excelencia vendido por las miles y miles de agencias turísticas de casi todo occidente. Y, ¿por qué tanta oferta de este tipo? Porque esta oferta está considerada por la población como “unas buenas vaciones”.

El turismo de masas nace poco después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se produce la institucinalización de las vacaciones pagadas y los adelantos en tecnología que hacen más factible la posibilidad de viajar. Así pues, vemos que el turismo de masas está extremadamente relacionado con el consumo de masas. El turismo en esta época dejó de ser un fenómeno exclusivo de las clases altas ya que se había convertido en una actividad de ocio que empezaba a abrirse a otros sectores de la sociedad. El turista en este caso no experimentaba ninguna aventura porque era muy poco probable que llegase a conocer a fondo el territorio visitado. En los sesenta poco se conocía de lo que ocurría en países ajenos a los nuestros –entendemos por nuestros, los países de occidente. Lo único que se sabía era que eran países exóticos y paradisíacos donde los recursos naturales abundaban en cantidad.

Hoy en día, viviendo bajo el marco de la globalización, el turismo de masas no ha hecho más que degradar los recursos naturales de los países de acogida. Con el fin de construir más complejos hoteleros, las empresas turísticas destrozan el medio ambiente. Quieren vender la idea de paraïso, y para ello construyen hoteles gigantes en medio de playas vírgenes; obviamente, para atraer a más turistas. Es precisamente en la organización del espacio turístico de las zonas litorales donde mejor se reflejan las características del turismo de masas. Varadero (Cuba) es el ejemplo perfecto de esta ficción Este espacio es un simulacro de una ciudad. Hay una gran saturación de los edificios en frente del mar, que en este caso son los hoteles. En este paisaje estereotipado todo está calculado para favorecer la intensificación de las prácticas turísticas. Sin embargo, los valores culturales propios del lugar son degradados y sustituidos por otros importados del mundo urbano convencional, como puede ser la vida nocturna o la comida americana.

Estas ofertas turísticas son, en definitiva, a-espaciales porque el territorio no hace más que de soporte, no aporta cultura alguna al turista.

 

Las consecuencias del turismo de masas

El turismo de masas implica inversiones que involucran cuantiosos recursos: tierras, construcciones de hoteles, muelles… El desarrollo de este tipo de turismo no respeta los criterios de sostenibilidad. Efectivemente, el turismo de masas pone en peligro el medio ambiente de los países en los que actúa puesto que hace un uso irracional de los recursos naturales sobre los cuales reposa: costas, playas y mar.

El turismo de masas relaciona unas instituciones emisoras –agencias de viajes- con los países receptores; y es debido a la competencia de estas instituciones que la mayor parte los ingresos generados por el turismo van a parar a la agencias de viajes, en vez de al propio país.

Organizaciones de protección ambiental así como ONG constataron que los efectos de la globalización y, por consecuente, del turismo de masas, han generado una elevación de la tasa de CO2 atmosférica lo que implica una amenaza para el medio ambiente. Además, la industria hotelera implica –como hemos dicho anteriormente- la utilización de recursos cada vez más escasos como los bosques y el agua potable.

Es precisamente la conciencia de la fragilidad del entorno natural lo que ha conducido a plantearse la preservación de los recursos naturales.

 

Turismo alternativo

El turismo solidario y sostenible tiene como objetivo lograr el desarrollo económico, social y ambiental. Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), el turismo sostenible tiene tres objetivos principales. El primero, es “asegurar que las actividades económicas sean viables a largo plazo, beneficiando a todos los agentes involucrados con una distribución justa de los beneficios, incluyendo oportunidades de empleo estable, y servicios sociales para las comunidades anfitrionas, contribuyendo a la reducción de la pobreza”. Por otro lado, hay que respetar la cultura de los países de acogida y generar un intercambio de culturas, pero conservando sus “valores tradicionales”. Y, finalmente, no desperdiciar los recursos naturales, sino fomentar “la conservación de la diversidad biológica”.

El turista alternativo se diferencia del turista de masas en muchos aspectos. Para empezar, el tipo de frecuentación está repartida a lo largo del año. Es decir, que el turista alternativo no viaja de forma masificada y estacional como lo hace el otro tipo de turista. Su contacto con el territorio es íntimo porque participa de la cultura, de la naturaleza y de la gastronomía del país receptor; a diferencia  del turista de masas que goza solamente de vacaciones monotemáticas –sol y playa. Además, el hecho de que el viajero responsable se hospede en hoteles pequeños, y no en grandes complejos turísticos, contribuye al desarrollo del país.

Así pues, el turismo sostenible aparece como dice Beatriz Martín de la Rosa (licenciada en Filosofía por la Universidad de La Laguna, Islas Canarias) “ como la solución a los desastres del turismo convencional o turismo de masas”. El turista ya no es lo que era antes. Ahora se preocupa por el medio ambiente y por la cultura del país anfitrión. Además, ayuda a proteger los ecosistemas naturales, evitando toda contaminación. Impacta, pues, positivamente en el entorno con su presencia, favoreciendo el comercio justo y el enriquecimiento local. El viajero que es responsible prioriza los comercios locales. Empatiza con los ciudadanos del país receptor, es decir, puede ponerse en la situación de las personas con las que se relaciona. Hay que entender que en otros países las personas pueden ser más reservadas, ponerse en su lugar, y sonreirles puede cambiar las cosas.

 El turista alternativo busca la proximidad con el país de destino. Busca, en definitiva, la autenticidad del país que le acoge.