dilluns, 18 d’abril de 2011

La nueva Prueba de Acceso a la Desigualdad (PAD)

El pasado año el Ministerio de Educación tuvo la brillante idea de ampliar los horizontes de los alumnos de FP, que se encontraban supuestamente en desventaja respecto a los de Bachillerato de cara al acceso universitario. Se decidió así la aplicación de una ley (que, afortunadamente, sólo durará este año) que permite a los técnicos de FP elevar su nota media examinándose voluntariamente en la fase específica de la Selectividad.


La finalidad del Ministerio con la aplicación de esta nueva legislación, supuestamente, fue “flexibilizar el sistema e integrar la FP en la Universidad” y “diluir las diferencias que anteriormente habían entre los alumnos de FP y de Bachillerato”. Así pues, muy a mi acuerdo, el bachillerato dejaba de ser el único camino hacia una formación universitaria y se creaban más opciones de acceso a dicha educación.


Ahora bien, mientras se buscaba la igualdad se crearon aún más diferencias.


Por un lado, nos encontramos ahora en un panorama en el que los técnicos de FP pueden acceder a la universidad únicamente con la nota media de su ciclo formativo (estadísticamente superior a la media de los alumnos de Bachillerato), sin estar obligados a cursar la Selectividad. En cambio, los bachilleres, sólo pueden entrar en la Universidad si se examinan de ésta prueba de acceso. A esto, el ministerio lo llama “nivelar las oportunidades de los estudiantes”, mientras se da una clara reducción de las opciones de los bachilleres frente a los aspirantes de FP.


Por otro lado, cabe decir que el Gobierno siempre ha dicho querer fomentar la educación y la formación de las juventudes del futuro. Ahora bien, a juzgar por lo que vemos, parece totalmente lo contrario.


A los jóvenes, cuando a la edad de diecisiete años se les plantea la duda de “a qué oficio querrán dedicar sus vidas”, se les generan un millón de dudas e indecisiones. Hasta ahora, en la mayoría de los casos, cada uno decidía estudiar aquello que más le gustaba con el curso que más conocimientos le proporcionaba. En muchos otros casos, también había quienes decidían recorrer el camino más rápido y que antes les daba un lugar de trabajo y, con ello, dinero.


Sin embargo, las autoridades educativas siempre han defendido el eliminar esta última mentalidad, la de un estudiante ansioso por dejar de formarse.


No se entiende, entonces, la creación de legislaciones en las que se fomenta la “ley del mínimo esfuerzo”, donde se llega a un mismo destino con esfuerzos claramente distintos. Se conseguirá, así, que los estudiantes decidan acceder al curso que antes, y más fácilmente, les lleve a donde desean: A la universidad.


Afortunadamente, aún disponemos de juventudes luchadoras y emprendedoras, con ganas de formarse y avanzar, pese a que el Gobierno parezca querer lo contrario. Es normal, sin embargo, que a muchos se le quiten las ganas de formarse, siendo que las ayudas más considerables las reciben aquellos que (sin ánimo de descrédito) menos hacen por crecer y prosperar.


En efecto, aunque de corta duración, esta ley (sobre la cual ya se ha aplicado una modificación en la que los técnicos de FP tendrán que cursar una Selectividad propia) hará que, el próximo mes de Junio, millones de jóvenes tengan que superar la temida Prueba de Acceso a la Desigualdad que les dará paso a una formación “de igualdad”.