dijous, 15 de maig de 2008

"El monstruo"



Tras la hospitalización de una chica de 19 años, Kerstin, en un hospital de Amstetten (a unos 100 kilómetros de Viena, Austria) el pasado 19 de abril, la policía local descubre la doble vida de Josef Fritzl. En 1984, el austriaco Josef Fritzl secuestró a su hija Elisabeth de 18 años, y la encerró en el mismo sótano de su casa. El mundo entero conoce ya las barbaridades y las atrocidades que este hombre de 73 años cometió durante 24 años a su hija. La violó sistemáticamente durante el cautiverio de donde salieron siete hijos- nietos, de los cuales tres vivían con los abuelos, Josef Fritzl y Rosemarie, su mujer.

Los medios lo han bautizado como “el monstruo de Amstetten”. Pero, ¿monstruo no es aquel que no es humano?  Así es; los medios han caracterizado a Fritzl como un ser que no pertenece a la especie humana. Ahora bien, Fritzl es un hombre, por eso me pregunto por qué tanta insistencia en pensar que no lo es. ¿Para intentar justificar sus actos tal vez?

Parece que los medios de comunicación y la opinión pública en general creen que algo tan atroz no pueda ser obra de un ser humano. Sin embargo la historia nos ha enseñado a fuerza de golpes –entendiendo por golpes las guerras, los genocidios y demás- que los hombres pueden llegar a ser malvados sin estar locos, es decir sin padecer ninguna enfermedad mental. El neuropsiquiatra Fernández Liria escribió para El País: “empezamos a querer ver enfermos mentales donde sólo hay malvados y acabamos viendo malvados donde sólo hay enfermos mentales”. Recordemos, además, que apenas unos días antes del terrible descubrimiento, Fritzl parecía el típico señor mayor. Sus vecinos aseguran que era un hombre atento y educado; y que en ningún momento sospecharon nada raro. De hecho su mujer, Rosemarie, ha afirmado repetidamente a todos los medios internacionales que no sabía nada de nada. Fritzl con extremada cautela y con toda su conciencia elaboró una desaparición perfecta. Justo cuando su hija Elisabeth, con tan sólo 18 años, quería irse de casa, Fritzl la secuestró afirmando que la joven se había adherido a una secta. Lo hizo con la seguridad de no levantar sospechas. Durante los 24 años que la tuvo encerrada en el zulo, el terrible hombre se las maquinó para comprar las necesidades básicas de su hija y de sus otros tres hijos- nietos que estaban también encerrados; siempre sin levantar sospecha. ¿Acaso un enfermo mental puede mantener una doble vida sin que nadie de su alrededor se percate? La respuesta parece obvia: un enfermo mental no podría hacerlo. Por eso Fritzl no puede ser culpado como un loco.

"Mi deseo de mantener relaciones con Elisabeth era cada vez más fuerte […]Yo sabía que ella no quería que le hiciera esto. Sabía que le estaba haciendo daño. Pero era como una adicción. Quería tener hijos con Elisabeth". Estas son algunas de las palabras que Fritzl pronunció tras ser interrogado. Y admite claramente que “sabía que le estaba haciendo daño”; es decir que distinguía perfectamente entre el Bien y el Mal a diferencia de un enfermo; y sin embargo siguió con su tortura más de dos décadas.

El crimen ha dejado estupefacto a millones de personas. La mayoría se refiere a Fritzl como un “monstruo”. ¿Será por la rareza, es decir por lo sorprendente del caso? En realidad no sé si es por la rareza o por el miedo a pensar que dentro de nosotros hay potencialidades malas.

Dicho de otra manera, creo que es importante saber que todo ser humano tiene capacidad de hacer el mal, y no sólo un monstruo. Así, estamos lejos de la concepción que Rousseau tenía de la sociedad: aquella en la que todos los hombres pueden vivir sin leyes, sin normas porque el hombre quiere lo mejor para la comunidad. Está comprobado que muchas personas con conciencia y con educación no quieren lo mejor para el prójimo. Por esta misma razón hay que contemplar la posibilidad de que, como decía Fritz Lang, dentro de cada uno de nosotros pueda haber un asesino.