dilluns, 15 de febrer de 2010

“Prohibido fumar y politiquear”

El domingo estaba leyendo la respuesta de Ernest Maragall a las críticas recibidas por sus declaraciones acerca del tripartito. Entre ellas destacaba la supuesta “fatiga” que sentían los catalanes con el actual gobierno. El Conseller de Educación afirmaba que el tripartito de José Montilla tenía una vigencia limitada, no más allá del actual mandato.
Yo me pregunto, ¿cuándo ha tenido interés el tripartito “encabezado” por Montilla? ¿A caso se armó la gorda cuando, en 2006, se formó la coalición de nuevo? No recuerdo entrar en un bar y escuchar a la gente debatir acaloradamente sobre el nuevo gobierno. ¡Y mira que a los catalanes nos gusta discutir por cualquier cosa! El tripartito no ha sabido sacar el debate a la calle. Hoy por hoy, aún no he visto ningún local que haya colgado el cartel de “prohibido fumar y politiquear”.
El tripartito fue una apuesta difícil, para algunos, inviable. Las dos alas del PSC (la catalanista y la españolista) crearon una brecha difícil de cicatrizar y a la fiesta se le unieron independentistas y verdes formando un “cocktail” explosivo. La suma de PSC, ERC y ICV-EUiA no es una forma imposible de gobernar pero, es obvio que los conflictos internos acaban surgiendo. El problema está cuando esos conflictos no se hablan de tú a tú y cada uno campa por sus anchas dando su opinión. No sé si creen que nos chupamos el dedo pero, ¿de verdad han pensado que somos tan ilusos de tragarnos que todo es de color de rosa en la Generalitat?
Cataluña y España tienen un problema de base: el liderazgo. Los dirigentes actuales (también los de la oposición) buscan el poder, el desgaste del adversario y no ven más allá de las próximas elecciones. Intención de voto. Popularidad. ¿Es esto lo que interesa a la gente? Aquí nos falta un Obama, un Sarkozy o, si me apuráis, un Hugo Chávez. Un líder que, independientemente de su ideología, haga renacer en los ciudadanos el interés por la política. Un líder que cree, de nuevo, debates en los bares.