dijous, 10 de febrer de 2011

Somos "guays"


Como cada miércoles antes de dar clases en la academia de baile, me senté en una de las mesas de la terraza del bar que se encuentra enfrente de ésta. Pedí un café y saqué el periódico para enterarme de los últimos sucesos. El día anterior no tuve tiempo de ponerme al día y por la noche dedique diez minutos antes de que se me cerraran los ojos a ver las noticias. En busca de éstas, pasé por programas de debate en los que se hablaba de la visita de Angela Merkel y justo cuando llegué al canal solicitado, la noticia que me encontré seguía hablando de la canciller. Sin embargo, el cansancio venció mi inquietud por la actualidad. Así que no pude evitar, desde la mesa del bar, prestar atención a la conversación de dos hombres sentados a escasamente un metro de mi que, precisamente, debatían sobre el tema con orgullo arcaico. ‘Merkel no tiene porqué darnos lecciones’, ‘Nos viene a dar consejo sobre cómo hacer las cosas y luego nos pide a nuestros intelectuales; será que no lo hacemos tan mal’, decían.

En España las cosas no van bien. La sociedad española nunca ha sido ejemplar pero siempre nos hemos justificado con aquello de que ‘sabemos vivir bien’. Y, de hecho, lo sabemos, pero la crisis nos ha roto los esquemas. Nos está durando como a los que más y sin embargo, no perdemos el orgullo.

El trabajador español produce casi un 20% menos que el alemán. Pero el problema es que lo que producimos lo hacemos con desgana. Trabajar supone un gran esfuerzo y eso al ciudadano español no le gusta. Pero la pereza no se debe a que no estemos capacitados, es que el esfuerzo en este país no se valora. En España un ejemplo absurdo pero claro y con el que quizás algunos se sientan identificados al recordar su juventud es la jerarquía en los colegios o institutos. Allí al que se esfuerza se le tacha como empollón, los más populares –los guays- son aquellos que ocultan su dedicación a los estudios y se dedican a montar fiestas y tener resacas.

Ese es un problema y estar orgullosos de ello, otro. Por lo tanto, seria mucho más productivo atender a las propuestas de Merkel, ser más competitivos, compartir valores con la Europa del progreso, hacer nuestros deberes y dejar nuestro orgullo de lado.

Estaría bien no criticar, sino aprender aunque entonces pasemos de guays a empollones.